| Cooperando con tus rivales, escribe Dan Harrington |
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Cuando estás jugando un torneo y te acercas al dinero, o ya estás en la mesa final, y la diferencia entre cada puesto y su premio asociado crece, surge la necesidad o la posibilidad de hacer jugadas cooperativas. La idea de esta jugada es maximizar la probabilidad de eliminar a los jugadores que menos fichas tienen, negándote a apostar contra otros jugadores que están en el bote. Mientras más jugadores hay en el bote, mayor es la probabilidad de eliminar al que menos fichas tiene en el showdown. La cooperación aquí es tácita, evidentemente. Iría contra la etiqueta del poker, discutir esto en la sala. Esta cooperación es más probable cuanto menos fichas tenga el rival en cuestión. Si tiene sólo unas pocas fichas menos que los demás, el objetivo sería obtener sus fichas, antes que eliminarlo, y en este caso la cooperación podría romperse con mayor facilidad. Veamos un ejemplo de cooperación: Estás en la mesa final de un torneo y sólo quedan seis jugadores. Las ciegas son de 300$/600$ y las antes son de 50$. El bote inicial es de 1.200$. Estás en la ciega grande. Los jugadores tienen las siguientes cantidades de fichas:
El jugador 1 se retira, el jugador 2 hace un All In. El jugador 3 ve la apuesta. El jugador 4 y el de la ciega pequeña se retiran. ¿Qué haces tú? Respuesta: Ves la apuesta, con intenciones de pasar hasta el final de la mano. Tú y el jugador 3 son como los dos marcadores centrales, intentando evitar que el jugador 2 llegue a la portería. Aún tu 9-7 de distinto palo es una mano útil en este caso ya que cubre un rango de cartas medias que pueden aparecer en la mesa. Es de espera que el Jugador 3 tenga alguna carta alta y, entre ambos, tienen una alta probabilidad de eliminar al Jugador 2. ¿Bajo qué circunstancias deberías romper esa cooperación y apostar? La respuesta es simple: Cuando en el flop recibas una mano tan buena que no pienses que eliminar al Jugador 2 sea un objetivo lógico, sino que veas que puedes ganarle muchas fichas al Jugador 3. Esto requiere una gran mano. Exactamente qué tan buena debe ser esa mano, es una cuestión de buen juicio y experiencia de tu parte. El orden en que los jugadores entran al bote importa mucho. En el ejemplo previo, el jugador con menos fichas entró primero, su apuesta fue vista por el Jugador 3, y luego entraste tú. En este caso no hay bote secundario y no hay necesidad de iniciar uno. Si un jugador con muchas fichas entra primero, y su apuesta es vista por el jugador que tiene pocas, la situación es muy distinta. En este caso, según la cuantía de la apuesta del primer jugador, te verás envuelto en un pequeño bote principal con los dos jugadores, pero también en un bote secundario mayor, con el primer jugador. Ahora, el bote secundario será más importante para tus ambiciones de ganar el torneo que eliminar al Jugador 2. La cooperación no tendrá mucha relevancia aquí. Ahora deberás hacer las movidas necesarias para ganar el bote secundario, sin darle mayor importancia a lo demás. Matando moscas: La regla del 10 a 1 A medida que te aproximas al final del torneo, eliminar jugadores se vuelve más y más importante, ya que cada rival eliminado te garantiza un premio mayor. Una regla práctica para estos casos es la que yo llamo “regla del 10 a 1”. Si tengo al menos 10 veces la cantidad de fichas de otro jugador, lo pondré gustosamente en All In, con cualquier mano que reciba. La probabilidad combinada de que se retire y de que yo gane si ve mi apuesta es siempre suficiente como para que arriesgue el 10% de mis fichas. Veamos un ejemplo. Quedan cinco jugadores en un torneo. Estás en la ciega pequeña, en segundo lugar con 76.000 $. Las ciegas son de 500 $/1.000 $ y las antes son de 100 $. El jugador de la ciega grande es quien menos fichas tiene, con 6.000 $. Los primeros tres jugadores se retiran. Tus cartas son: 8♦3♣
¿Qué debes hacer? Respuesta: Debes hacer un All In. Sus fichas representan un 7% de las tuyas. La ventaja de eliminar a un jugador en este momento es tan grande que el riesgo bien vale la pena. Tu mano actual es irrelevante. La situación es ligeramente distinta si el jugador con pocas fichas ha hecho el All In en primer lugar. Ahora has perdido la iniciativa, y su mano es, probablemente, un poco mejor que lo que ha estado recibiendo hasta ahora. En este caso deberías tener cartas con cierto valor, para ver su All In. En 1.995, en la mesa final de las WSOP hice una jugada enteramente gobernada por la regla del 10 a 1. Las ciegas eran de 15.000 $/30.000 $ con antes de 2.000 $. Yo estaba en la ciega grande con cerca de 1.000.000 $. En el botón estaba Hamid Dastmalchi un excelente jugador que había ganado las WSOP unos años atrás. Sólo tenía 110.000 $. Todos los jugadores se retiraron y Dastmalchi hizo un All In. El jugador de la ciega pequeña se retiró y era una subida de 80.000 $ para mí. Teniendo en cuenta la regla del 10 a 1, vi la apuesta con mis débiles J♣3♠. Dastmalchi mostró J♥10♦ y yo mostré mi lastimosa mano. En la mesa pareció oírse un suspiro colectivo y escuché al menos a un espectador decir “Harrington ha perdido la cabeza”. Mi cabeza estaba en realidad, intacta, pero perdí la mano. Perder esa mano, sin embargo, tuvo un premio inesperado: Durante varias rondas, nadie atacó mi ciega grande. La mesa había decidido que Dan Harrington había sido reemplazado por Dan, “el Maníaco”, Harrington y nadie quería meterse en problemas con mis ciegas sin tener una buena mano. En el correr de esas manos había recuperado mis 80.000 $, más un pequeño interés. Recuerda esta anécdota la próxima vez que te “atrapen” jugando una mano débil en una situación similar. Salvo que tus rivales sean sofisticados en lo que se refiere a tácticas de torneo, no van a sacar las conclusiones correctas acerca de tu acción. Este artículo fue publicado en el libro “Harrington on Hold’em – Vol II”, de Dan Harrington. |
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